Cenotes, toro y picante (Parte II)

¡Arr mis piratas!

En la anterior entrada hablamos sobre las sensaciones que nos transmitieron los cenotes que visitamos en México. Sin embargo, si lo que buscas es vida subacuática, allí no la encontrarás (salvo algún que otro pececillo, pero poco más). Para eso, debemos trasladarnos a mar abierto. En nuestra expedición a México, elegimos dedicar una inmersión al tiburón toro (estábamos en temporada) y otra a visitar los arrecifes de coral de Cozumel.  Y de eso justo va esta entrada.

El tiburón Toro: Nervios y luego paz

Aún recuerdo la mezcla, a partes iguales, de nerviosismo y excitación en algunos de mis camaradas a la hora de abordar esta inmersión. Anita, nuestra guía en esta inmersión (también hablaré de ella más adelante) y en las de Cozumel, tampoco se cortaba en alimentar ambas sensaciones por igual, para regocijo/temor de mis compañeros de viaje.

Hace relativamente poco que había comenzado la temporada del tiburón toro, y ya llevaban varios avistamientos de este señor del mar desde la semana pasada, así que esperábamos tener suerte y ver un par rondándonos cerca. En cualquier caso, tendríamos que atraer su curiosidad únicamente con nuestra presencia, ya que elegimos un centro de buceo que no hacía feeding durante esta experiencia, como parte del compromiso de nuestro grupo de no apoyar este tipo de acciones. Además, nos alegró saber que parte del dinero que pagamos por esta inmersión iba destinado a la conservación de estos morlacos de 200 Kg.

Tras iniciar la inmersión, comenzamos a descender, y allí estaban esperándonos ya. Tres, cuatro, cinco… hasta un total de siete tiburones toro (hembras en época de gestación, tal y como nos comentó Ana) estaban rondando el fondo de arena blanco a unos 25 metros de profundidad desde el que los miraríamos, inmóviles. Terminamos el descenso, nos posamos en la arena, y empezamos a observar, a disfrutar del momento. 

Al principio, no se acercaban mucho. Los veíamos pasar a unos 10 metros, entrando y saliendo de la zona en la que estábamos, rondándonos por ambos costados. Conforme su curiosidad tiraba más que su cautela, se fueron acercando más, hasta pasar a escasos dos metros de nosotros. Y, en mi caso, la emoción de la inmersión pasó a convertirse en paz. En una tremenda paz, nacida de ese movimiento majestuoso y coordinado de estas tiburones, y de su actitud, meramente curiosa hacia el grupo de buceadores.. 

Poco después, empezamos a navegar para ir cogiendo una cota de profundidad un poco menor. Los tiburones nos seguían, aunque más que seguirnos, pareciera que nos escoltaban hasta el punto de salida. Tras unos cinco minutos de navegación, Ana lanzó la boya deco para señalizar al barco y, tras la parada de seguridad, abandonamos en el fondo a nuestros compañeros escuálidos para reunirnos de nuevo con la realidad en la superficie. 

Me gustaría cerrar estas impresiones con una pequeña reflexión. Es cierto que con feeding se habrían acercado mucho más, pero seguramente la sensación no habría sido la misma. Si, los habríamos tenido más cerca, casi al alcance de “tocarlos” con la palma de la mano (niños, acordaos de que no se toca), pero su comportamiento sería más agresivo por el factor comida. No habríamos experimentado un contacto tan natural ni esa sensación de paz. Yo, si tuviera que elegir, volvería a bucear con ellos así.  ¡Ah! ¡Y esa fue mi inmersión número 200! Bastante especial, ¿no creéis?

Cozumel y sus arrecifes de coral

Para los que no la conozcan, Cozumel es una isla situada al este de Playa del Carmen de unos 540 Km2 aproximadamente. Su nombre proviene de “Kosom, Lumil”, cuyo significado es “Tierra de las golondrinas”, aunque para seros sinceros no estuvimos allí el tiempo suficiente para saber si hace honor a este nombre. Su economía se basa mayormente en el turismo, de los que una parte muy importante proviene del buceo debido a sus arrecifes de coral.

Para acceder a ella desde Playa del Carmen lo más sencillo es coger un Ferry que por un precio módico (unos 15€ ida y vuelta) nos permitirán recorrer los 20Km que nos separan de la isla en una media hora. Una vez allí, cogimos un taxi para ir hasta un puerto situado más al sur. Una vez que llegas allí, una de las cosas que te llama la atención es la cantidad de barcos destinados al buceo. Cerca del puerto, una furgoneta descargaba unas 200 botellas para repartir a los barcos.

Subimos a nuestro barco, saludamos a la tripulación y tras zarpar empezamos a preparar nuestro equipo.  Después de un buen rato de navegación, llegamos al arrecife de Palancar, situado al sur de la isla, donde realizaríamos las primera inmersión que teníamos planificada.

En la primera inmersión buceamos en un grupo de columnas tapizadas por corales y esponjas de diferentes colores. A pesar de que había bastante vida, lo que más destacaba era el paisaje, muy colorido y selvático. La vida incrustada en las columnas de coral “colgaba” como si de lianas se trataran, dando ese aspecto de jungla. Ana nos guió por diferentes túneles que cruzaban de uno a otro lado las formaciones de corales, pasando por diferentes bifurcaciones y paredes, dando la sensación de que buceábamos en un laberinto. Una inmersión muy recomendable para fotosubs que quieran inmortalizar la vida coralina con los contraluces que ofrecen estas formaciones. 

La segunda inmersión, esta vez en el arrecife de Yucab, fue peces comiendo una langostadonde la fauna pasó a primer plano. El coral seguía presente, en forma de túmulos y pequeños “sistemas montañosos”, pero era la vida en movimiento la que atraía más miradas por parte de los buceadores. En esta inmersión vimos muchos peces cirujano (siiiigue nadando, siiiigue nadando), ballesta, ángel y mariposa. También se dejaron ver algunos meros, pargos y alguna que otra barracuda. Buscando refugio en el coral encontramos vida más pequeña, como las damiselas, las castañuelas azules, los peces cofre y alguna que otra langosta.

En cuanto a vida de mayor tamaño, avistamos varios peces loro bastante bien alimentados que se paseaban entre las formaciones de coral, así como una tortuga carey que no parecía muy preocupada por nuestra presencia. Pero seguramente el colofón de la inmersión fue localizar un tiburón nodriza que descansaba bajo una cubierta de coral, a escasos minutos de finalizar nuestra inmersión.

tortuga en el azulEs cierto que vimos muy poco de Cozumel, al dedicarle únicamente un día. Pero sin duda, nuestra impresión fue de que es un lugar de obligada visita si queréis disfrutar de una buena explosión de vida. Para los que hayáis estado en el mar rojo descubriréis que, aunque no es tan espectacular como en este destino, las formaciones de corales tan caprichosas os sorprenderán. A pesar de los largos tiempos en los traslados pre y post-inmersión, merece mucho la pena dedicar al menos un día a visitar lo que esconden las aguas de Cozumel.

En la siguiente entrada dejaremos a un lado las inmersiones que hicimos y os hablaremos del centro de buceo y de sus guías, de nuestro alojamiento y de la gastronomía, cerrando así la crónica de este viaje tan redondo.

Capitán

Capitán

Buceador desde 2012, Rescue Diver en la actualidad y en formación para Divemaster. Casado con el mar, enamorado de los pecios, amante del vídeo subacuático.

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