Cenotes, toro y picante (Parte I)

¡Aye camaradas!

Hace casi un mes que partimos a México a probar el buceo en cenotes, y  no hemos podido venir más felices. Si me acompañas unos minutos leyendo esta crónica, te contaré un poco lo que vivimos allí. Pero como va a ser larga, no me queda más remedio que dividirla en varias partes. Empezaré hablándote del buceo en cenotes.

Bucear en cenotes: simplemente diferente

Describir cómo es bucear en un cenote es complicado, y nada de lo que aquí te cuente te trasladará lo que allí sentimos (para eso la única forma es bucear en ellos). Pero podemos empezar diciendo que es “diferente” a todo lo que habíamos probado anteriormente, por tantos y variados motivos.

La sensación del astronauta

sombras en el cenoteDicen que el buceo es lo más parecido a esa sensación de ingravidez de la que gozan los astronautas, pero en un cenote es cuando eso se hace muy real. El agua cristalina libre de sedimentos, la ausencia de corrientes (al menos en los que estuvimos) y la increíble visibilidad nos transportó a esa sensación que a tantas personas nos ha hecho hacer, del buceo, nuestra pasión. ¡Cuántas veces he disfrutado estando completamente inmóvil, suspendido a escasos centímetros del fondo, mientras observaba los contraluces y formaciones del cenote!

Buceando con Dios

reflejos de luz en el aguaTambién ocurre que, en algunos cenotes, la sensación es de bucear con Dios (Poseidón no, otro). Los rayos de sol entran al agua y, sin desvanecerse en ningún momento, van formando una cortina de luz que atraviesa el cenote hasta morir en el suelo del mismo. Esa cortina, junto con la visibilidad cristalina y el propio paisaje, es lo que te hace sumergirte en esa sensación de paz. Por otro lado, es realmente divertido bucear pasando de la zona de “oscuridad” a la zona de “luz”. Además, la mayoría de las fotos quedan muy vistosas dejando a los buceadores, en negro, detrás de esa cortina de luz, como en la fotografía que encabeza esta crónica.

Cada uno, un mundo

El buceo en cenotes es diferente, pero entre cenotes también es diferente. No hay dos cenotes iguales, y cada uno destaca en algo que lo hace especial: Zapote tiene sus campanas, 7 bocas las entradas de luz que “juegan” con las gigantescas estalagmitas (como en la foto de la izquierda), Angelita su aspecto fantasmal y su nube de ácido sulfhídrico densa, etc… Y son sólo algunos de los ejemplos de cenotes en los que buceamos. Unos te maravillan por las entradas de luz, otros por las formaciones rocosas, otros por la propia forma de la caverna… Pero ninguno te deja indiferente. Ya lo decía Juanma (nuestro guía principal, del que hablaré más tarde), al final del viaje no sabríamos decidir (o al menos, no sería fácil) cual nos ha gustado más de todos.

En plena naturaleza

cenote entre la selvaPor otro lado, el hecho de bucear en un ambiente tan diferente del mar como es la selva, es otra experiencia. La logística cambia, tanto antes como después de la inmersión. Los accesos a los cenotes son, en muchos casos, caminos de tierra que cortan la densa selva en dos. Y en mitad de esta jungla, te encuentras de bruces con esos “charcos” de agua. Las pocas construcciones para dar soporte a las actividades en el cenote, no resultan extrañas, sino que se mimetizan perfectamente con este decorado. En cualquier caso, donde más disfrutamos fue en aquellos cenotes en los que la mano del hombre menos había actuado, y donde más de uno nos sentimos como el primer explorador que vió aquello tras abrirse paso por la selva.

¿Peligroso?

peligroLo que si os puedo asegurar es que el buceo recreativo en cenotes (siempre que hagamos caso a los guías, que para algo están), no es ni peligroso ni claustrofóbico. Los guías son personas experimentadas y con formación obligada de buceo en cuevas. Por otro lado, el número de buceadores por guía está limitado a un máximo de cuatro buceadores (nosotros éramos cinco y llevábamos dos guías) y las zonas por las que se pasa son amplias y por regla general con muy buena visibilidad. Por lo que no, no te van a meter por agujeros ni vas a pasar por zonas de nula visibilidad (salvo en Angelita, pero esa es parte de la gracia de ese cenote).

Podría seguir enumerándoos motivos, pero mejor os dejo con el gusanito de que vayáis a experimentar por vosotros mismos el buceo en cenotes. Seguro que no os defrauda.

Por nuestra parte, creo que le dimos un buen repaso. Pudimos disfrutar del buceo en los cenotes Ponderosa, Taj Mahá, Chac mool, Zapote, Pit, Dos ojos, 7 bocas y Angelita. Seguramente nos dejamos muchos por visitar, aunque no tantos si consideramos que la mayoría de ellos no se consideran caverna sino cueva y, por tanto, no aptos para el buceo recreativo. En cualquier caso, nos fuimos más que satisfechos y, tal y como nos advirtieron nuestros guías, sin uno favorito.

En la siguiente entrada de esta crónica os hablaré de nuestra inmersión con el tiburón toro y como fue el buceo en Cozumel.

Capitán

Capitán

Buceador desde 2012, Rescue Diver en la actualidad y en formación para Divemaster. Casado con el mar, enamorado de los pecios, amante del vídeo subacuático.

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